¡Atención, gente! Venido de un castillo okupa, saltando, cantando, jugando, pirueteando, llega ¡el juglar! para burlarse de los poderosos con su lengua afilada y para enseñaros a hacer sátira contra ellos, de modo que podáis reíros también vosotros, pues sólo con la risa se deja coger el amo.

¡Atención, gente! El juglar trae su Misterio Bufo, su espectáculo grotesco, para agitar ideas y provocar conciencias.

Pero ¿qué pasa si le buscamos las cosquillas al juglar o, mejor, al actor que representa al juglar? ¿se reirá todavía? ¿soportará él mismo la bufonada? ¿se agitarán sus ideas? ¿tendrá aún zonas dormidas en su conciencia?

 

-Público: Juvenil y Adulto.

-Duración: 70 minutos sin descanso.

 

 

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CRÍTICAS DE PRENSA

A VUELTAS DE UN JUGLAR...

Un juglar, un simple y simpático bufón, acompañado por la soprano Alicia Molina. Genial idea combinar conferencia y melodia, especialmente una voz tan deliciosa como se escucha durante todo el desarrollo de la obra. David Lobo sabe entretener, Darío Fo sabe apelar al espectador. Juntos consiguen trasladarnos a la plaza de una aldea, al campo, a épocas pasadas. Un viaje agradecido.

Mordaz interpretación: La soledad del escenario puede ser muy fría si el actor que tenemos delante no es lo suficientemente mordaz. Mordaz, adjetivo que define la interpretación de David Lobo. Plural: por su facilidad para representar todos los personajes de esta obra, para convertirse en quien quiera.

ABC. Lara Martínez.

SACRA BLASFEMIA.

El recurso más original de la propuesta de Omero Cruz es la introducción de una soprano (Alicia Molina) que llega a constituir un auténtico contrapunto irónico al discurso que intenta elaborar el propio actor-personaje, desdibujando de manera deliberada la clara línea que, en el texto original, separa a los oprimidos de sus opresores y cuestionando la simpatía que hasta ese momento nos ha provocado el personaje central en su condición de víctima.

David Lobo realiza un exhaustivo trabajo y consigue sostener con enorme rigor una actuación brillante que queda de manifiesto en La resurrección de Lázaro y el epílogo final, que el público acompañó con aplausos y risas de complicidad.

SUR. J. A. Sedeño.